¡Cómo de hermosos y perfectos, puros
y divinamente inspirados fueron los serafitas de los tiempos
atlánticos!
Fueron castos y transparentes,
microcósmicos (los hombres-universos). En su interior, se reflejaba
en miniatura la plenitud de la Divinidad. Los 144 castillos
interiores.
¡Y cuán grande fue la manifestación
de Alma Mater Dei et Humani y del Padre Amante del Puro Amor en los
individuos misteriosos de hipóstasis
masculina y femenina (según las circunstancias)!
Como entonces los teohumanos, así
también las Divinidades de las divinidades
(sus protectores celestiales y padres divinos) eran bihipostáticos
(¡no eran dos sexos, sino hipóstasis!).
Según las
circunstancias, en el ser teohumano se manifestaba el inicio
masculino o femenino:
- El inicio patrial (paternal): 1. La fuerza, 2. el valor, 3. la lucha, 4. la providencia, 5. la transubstanciación
- El inicio
matrial (maternal): 1. La sabiduría, 2. la compasión, 3. la
abnegación, 4. el amparo, 5. la unión, 6. el servicio- El inicio patrial (paternal): 1. La fuerza, 2. el valor, 3. la lucha, 4. la providencia, 5. la transubstanciación
En aquel entonces,
los “homo amores”, puros y amantes, caminaban en otros cuerpos. Y
sus compuestos eran cualitativamente diferentes.
¡Oh, si pudiera el
hombre actual imaginar de qué porquería aborrecible está
atiborrado en sus entrañas! ¡Con cuáles compuestos mostruosos lo
ha llenado Lucifer durante su remodelado adaptacional, al haber
escondido la verdad sobre su interior intachable (el buen ser
recóndito)! Desde entonces, en donde está el buen ser recóndito
sellado, está disimulado del mundo un hurón rabioso.
Los compuestos
afectados por la admiración, los prójimos queridos... La
contemplación-admiración, la admiración-adoración, la
admiración-divinización.
“Carísima
Mamma!” “Carísimo Padre!” significaba: el prójimo adorado, el
amigo más querido.
No había muerte en
absoluto. No existía.
La
transubstanciación
es como la disolución del cuerpo y el regreso a los cielos.
Cuando se fijaba la
hora del tránsito, se cumplía la disolución-transubstanciación
del cuerpo en otras formas y su temporal dispersión-unión
posterior.
En los compuestos
puros, era imposible vivir sufrimientos y tormentos de manera única.
No existía el desierto infernal humano de la soledad, del
sufrimiento sin sentido, del pesar inconsolable.
La atmósfera del
amor minné superante llenaba todo el ser del hombre que fue
predestinado únicamente para el amor y para ninguna cosa más.
Lo
demás parecía tan loco como un rencor animal indignante en el orden
presente del homo sapiens.
El sol de la Madre
del puro amor regresa a la tierra
extracto del libro
“El Rey Salomon y el Templo Universal de la Paz” de Juan de San
Grial

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